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1973, creación de la “Comision Trilateral”
José Luis Jerez Riesco

David Rockefeller, banquero de Nueva York,
hacía suyas en julio de 1973 las ideas de Brzezinski creando la Comisión
Trilateral por un plazo inicial de tres años que sucesivamente se ha ido
renovando. David Rockefeller era presidente del Chase
Mannhattan
Bank de Nueva York, entidad bancaria con sucursales en los cinco
continentes y con oficinas al publico incluso en Moscú y Pekín. David
era hermano de Nelson, el que fuera Vicepresidente de los Estados Unidos
y que más tarde se enrolaría como miembro de la Comisión Trilateral. Con
la iniciativa, los Rockefeller querian asegurarse un imperio financiero
sin precedentes.
Aparentemente la Comisión Trilateral nacía
en Tokio el 21 de octubre de 1973, fecha de la celebración de la primera
Asamblea plenaria, como un simple agrupamiento de “simples y
distinguidos ciudadanos”, bajo el lema de una, cada vez mayor, más
estrecha y vinculante cooperación de las tres grandes regiones
geopolíticas del mundo. La sesión inaugural de la Fundación tendría
lugar en la mansión y sede de los Rockefeller en Nueva York , para que
no hubiera duda de quienes eran los anfitriones de la “gran empresa”. En
aquella ocasión se encuentran, entre los miembros fundadores, el
banquero sionista Emond se Rothschild, el Presidente de la Fiat, Gianni
Agnelli, el que luego fuera Primer
ministro Raymond Barre,
el senador y después Vicepresidente de los Estados Unidos Walter
Mondale, el rey del acero nipón Yosiro Inayama y el máximo representante
de la “Sony” Akio Morita. Aquello parecía un “pacto de familia” bajo
los auspicios de David Rockefeller.
Las reuniones, por supuesto, son a puerta
cerrada, sin luz ni taquígrafos, como si de una conspiración se tratara,
que se trata.
Las Asambleas se vienen celebrando
anualmente y con unos intervalos aproximados de nueve meses entre los
encuentros. A los miembros fundadores se fueron uniendo los
“imprescindibles” como el sionista norteamericano Henry Kissinger.
El famoso “club” mundial congrega
alrededor de seiscientas personas privadas, cuya extracción social es la
banca, la política, la administración, los hombres de negocios o los
lideres sindicales, quedando excluidos en su pluralidad los comunistas.
Del numero apuntado solo el 50% son miembros efectivos. La Comisión
Trilateral tiene un exquisito cuidado en manifestar que los miembros
efectivos quedan “durmientes” mientras dure su gestión al frente de sus
responsabilidades publicas, como ha sido el caso, por ejemplo, del
Presidente de los Estados Unidos Jimmy Carter, o la del propio Kissinger,
durante sus periodos de mandato efectivo al frente de las
Administraciones Publicas.
Las reuniones de los “socios” tienen una
periodicidad anual y se realizan en diferentes sedes y ciudades del
mundo, siendo la duración de las mismas de dos a tres días, convenciones
que agrupan, a puerta cerrada, a los miembros del clan que dirige una
gran parte de las finanzas mundiales.
La Comisión Trilateral, orgánicamente,
cuenta con tres presidentes, uno por cada área geopolítica representada;
un comité ejecutivo integrado por treinta y cinco miembros, de los
cuales doce son norteamericanos, catorce europeos y nueve japoneses.
El hecho de la nuclearización de los
“managers” internacionales en torno a la Comisión Trilateral se puede
explicar por el mutuo y reciproco convencimiento pleno de que su entente
sirve para consolidar sus intereses básicos y múltiples que pueden
requerir decisión, intercambio de puntos de vista y en muchos casos
soluciones compartidas, a pesar de las apariencias de pluralismo que
puedan representar sobre cuestiones de índole filosófica o política en
el seno de la Comisión. Salvaguardar sus intereses, que detentan casi
monopolísticamente, y formar un circulo de “significantes”, que imparta
sus directrices y sus conclusiones, para la buena marcha de sus
diversificados negocios en juegos.
La Comisión Trilateral
influye decididamente sobre gobiernos que a su vez ejercen sus
potestades sobre sus respectivos gobernados. Una gran parte de los
hombres fuertes de los Estados han sido y son miembros de la Trilateral
y puede decirse, en viceversa, que lo fueron y detentaron las altas
responsabilidades de sus gobiernos y sus administraciones, precisamente
por eso, por formar parte integrante de la Comisión.
En las asambleas anuales se pasa revista a
los informes elaborados por “los expertos” y por los grupos de trabajo
de la Comisión, se debaten temas sobre política, sobre la inflación,
sobre aspectos financieros o sobre la crisis de algún sector que por su
importancia merezca la pena llevarlo al orden del día de la apretada
agenda de la reunión, estableciéndose una doble lectura e los asuntos
tratados, aquellos que quedan en el secreto del cónclave y aquellos que,
por su carácter general, verán con posteridad la luz publica a través de
la publicación interna “Trialogue” o de los comunicados puntuales sobre
asuntos concretos, aunque lo que se manifiesta es la punta del iceberg
de lo tratado en los “convenios”.
Todo el esfuerzo de la Comisión Trilateral
se orienta en dirección a la creación de un nuevo sistema mundial o
mejor dicho mundialista, “abandonando lo accesorio, para resistir en lo
esencial según frase de Brzezinski. Los problemas del mundo a largo
plazo ocupan un lugar destacado de los estudios internos de la Comisión
que tiende “rumbo a un sistema internacional renovado”, es decir se
trata de administrar la economía mundial desde un foro reducido, en gran
parte consanguíneo, y Trilateral.
Las directrices han sido bien marcadas por
Rockefeller cuando exhortaba: “Los managers preceden a los políticos.
Por sus funciones y contactos con la realidad, los dirigentes del sector
privado, industriales, universitarios y financieros, son capaces de
elaborar soluciones practicas para los problemas mundiales, para
proponerlos después a los gobiernos”.
Su posición frente al bloque no
representado en la Comisión Trilateral, el mundo comunista, la formula
adoptada es que se declaran “no anticomunistas”, y ello fue afirmado por
el Secretario General de la Comisión Trilateral G.S. Franklin cuando en
1976 declaraba: “En ningún caso la Trilateral es ni será
anticomunista”.
La Comisión Trilateral desea imponer un
“nuevo orden” llamado “Mundo Uno”, porqué uno es el poder que
controla, el poder y el dinero mundial; con codicia la frase ha sido
acuñada por el “One World” de Brzezinki.
Entre los objetivos hacia el control
absoluto se encuentra la energía, de vital importancia para la Comisión
que ha llegado a publicar alguna de sus conclusiones a este respecto,
asì como el control de las finanzas y de los mass-media.
En su ensayo sobre el “trilateralismo”,
Francisco M. Pastrana llega en un párrafo de pura síntesis a la
conclusión que la Comisión Trilateral es “una organización elitista
de bancos y Trust que cubre con sus planes de estudio y de acción todas
las áreas que tienen que ver con el porvenir de la humanidad en el
planeta Tierra, en especial en el aspecto económico, que es el que
considera fundamental en la presente era y también el político, que
subordina al económico”.
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